Cuando un proyecto es gestionado por múltiples actores que no comparten una gobernanza común, el riesgo de ineficiencias crece: se multiplican los tiempos de coordinación, los errores de implementación y la dificultad para sostener el impacto a largo plazo.
“Uno de los principales errores que cometemos como país es pensar que contratar muchas partes nos garantiza control. Lo que necesitamos no es más contratos, sino más coherencia. La fragmentación no sólo ralentiza, también empobrece la calidad de lo que entregamos”, opina Verónica Meyer, presidente de Holding Relevant.